“THE SOUTHERN HARMONY AND MUSICAL COMPANION” DE THE BLACK CROWES. 17 AÑOS PATEANDO EL CULO DEL ROCK’N’ROLL.


 The Black Crowes - The Southern Harmony And Musical Companion

The Black Crowes - The Southern Harmony And Musical Companion

You can lead a horse to water
But faith is another matter
So dont you surrender
Cause sometimes salvation
In the eye of the storm

Corría la primavera de 1992 cuando los cuervos negros de Atlanta daban a luz su segundo disco. Titulado “The Southern Harmony and Musical Companion” este  nos presenta una colección de diez canciones de un rock  más propio de unos Free o unos Led Zeppelin preñados de la esencia del estilo de vida sureño que de una banda de jovenzuelos crecidos en la era de la MTV.

Diez trallazos llenos de riffs inolvidables, marcados por una de las bases más rotundas del rock y aderezados por la maestría de un Marc Ford en estado de gracia, los teclados casi etéreos de Ed Hawrysch y unos coros que acompañan a la perfección la voz rota (siempre arriba, casi gritando) de Chris Robinson a lo largo de toda la grabación. La producción de George Drakoulias, prácticamente cruda, no hace más que incrementar la sensación de estar escuchando al grupo frente a tus  narices,  llenando de fuerza cada uno de los surcos del disco.

Desde el primer momento, desde que empieza a sonar la guitarra añeja de Rich Robinson en “Sting Me” es inevitable que tu mente se pierda en la grandeza de su música. El principio es irresistible, la carta de presentación que suponen esta y “Remedy” me parece insuperable, la mejor forma de decir: “aquí estamos y hemos venido a patear culos”. Ambas canciones crecen de forma natural, por sí mismas, ganando en intensidad y exhalando rabia y buen gusto a la par. Tras ellas llega el momento de la calma, tan sólo pasajera, pues el medio tiempo de “Thorn in My Pride” se vuelve tormenta hacia la mitad de la canción con el juego de riffs y solos a medias entre Marc y Rich. Para acabar exhaustos y por supuesto caer en la tentación de tomarse un respiro, deleitarse con la decadencia bluessy de  “Bad Luck Blue Eyes” o la extraña belleza de tiempo roto que es “Sometimes Salvation”.

La segunda cara empieza con un guiño al buen hacer de los  Stones o los Faces más macarras. “Hotel Illness” es un rock’n’roll simple y sin concesiones; la armónica y el uso del slide para los solos llenan todo el tema de diversión y ganas de bailar. Le siguen “Black Moon Creeping” y “No Speak, No Slave”, mucho más densas y llenas de matices. Son las canciones más oscuras de todo el disco. Riffs pesados potenciados por la fuerza del bajo de Johnny Colt y el tremendo trabajo a las baquetas de Steve Gorman. La triada culmina con la genial “My Morning Song”, juegos de slide, coros tremendos y unos solos de guitarra que ponen los pelos de punta. La voz de Chris se sale en esta pieza con un final tipo góspel apoyándose en los coros para darlo todo. ¿Y después de esto? Después no hay más opción que tirarlo todo y empezar de nuevo. Siempre tuve esa sensación cuando comienzan los acordes de “Time Will Tell” que da fin a este disco. Es la calma después de la tempestad. Los músicos se relajan y nos regalan esta estupenda versión de Bob Marley, arrastrada y perezosa como una tarde de verano.

Es sin duda uno de los mejores discos de la historia del rock y junto a “Amorica” y  “Three Snakes And One Charm” la mejor triada de discos de la banda. En breve tendremos disco nuevo de los cuervos y espero que gira europea. Yo, desde luego, procuraré no perdérmelos.

 Miguel Ángel Garzás.

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