LCR CINE – COMO LA VIDA MISMA – “CIUDAD DE VIDA Y MUERTE”


Hola a todos. Hoy inauguramos una nueva sección en La Casa con Ruedas. Se llama COMO LA VIDA MISMA. Un repaso a lo más destacado del celuloide pasado, presente y futuro a través de los ojos de Ismael T. Reguillos.

La historia de la humanidad es también la de la infamia. Y, cómo no, el cine ha sido un instrumento valiosísimo al servicio de la memoria histórica. Directores, guionistas y productores, quienes ponen el dinero, los ha habido valientes para contar exterminios, genocidios, masacres y matanzas. Unas veces por simple compromiso ético, otras por sentido de justicia, en ocasiones para denunciar las actitudes de sus compatriotas (por vergüenza patria podríamos decir) y muchas otras para honrar a sus semejantes, a su pueblo.

Tristemente, han abundado argumentos. El siglo XX estuvo repleto de episodios abyectos. Una involución de los derechos humanos inconcebible en  el XIX cuando imperaba el positivismo. Es curioso que en 1919 firmado el Tratado de Versalles pensaran algunos que entonces no habría otra conflicto como la Gran Guerra, la Primera Guerra Mundial, que había ejercido como una suerte de expurgo de maldades. Y sin embargo pasarían sólo 20 años para dar entrada a otra contienda que dejó tras de sí 60 millones de cadáveres. Pero lo que muchos ciudadanos no se han detenido a pensar es que en los últimos 60 años las batallas han sido mucho más encarnizadas, devastadoras y numerosas. Con la silenciosa Guerra Fría sobrevinieron un sinfín de polvorines a lo largo y ancho del Globo. Y muchas matanzas, ingentes víctimas civiles…un terrorífico paso atrás.

Mencionar que sólo en Camboya los comunistas de los Jemeres Rojos exterminaron a más de dos millones de personas, sin olvidar la depuración acometida por Stalin en la Unión Soviética. Del primer caso apenas hemos conocido una película documental con personajes reales. Del tirano georgiano películas biográficas en las que se intuye más que se ve. Hace pocos años el mundo se hizo a la idea de la interminable guerra de los grandes lagos y aquellos pocos días de 1995 cuando perecieron varios millones de personas entre hutus y tutsis. Uno de los genocidios más irracionales por si alguno no lo fuera. Ahí estuvo el cine con la dura película Hotel Ruanda, muy recomendable si no la han visto. Sin embargo de otros africanos como los somalíes,  un millón y medio de muertos, nada se ha contado en la gran pantalla. Sólo hemos conocido la calaña de sus ejecutores en la epopeya yanqui de Black Haw Derribado. Minucias.

El pueblo judío sí puede sentirse satisfecho por cómo ha vehiculado el Cine el Holocausto. Innumerables películas sobre la cuestión, siendo la más relevante por su crudeza y realismo La Lista de Schindler.

 Pero hoy viajamos varios miles de kilómetros al Oriente para situarnos en China dos años antes de la Segunda Guerra Mundial. Mientras Hitler seguía planificando las dimensiones de la futura Europa Conquistada, en Japón el ejército imperial actuaba con mano de hierro sometiendo a sus vecinos y con un salvoconducto para hacer y deshacer a su antojo. El pacto Antikominter suscrito con Alemania que poco después les convertiría en aliados de guerra. Las tropas mandadas por Hiroito ya habían tomado Shangai y avanzaban hacia la capital de la República Nacional de China cuyos mandos habían ordenado la política de tierra quemada. Fuego a campos y víveres, y retirada. El 13 de noviembre de 1937 los soldados japoneses entraron en Naikín, antigua capital de China. Lo que ocurría allí en los meses posteriores oscila entre 150.000 y 300.000 muertos dependiendo de las fuentes. Violaciones masivas, mujeres obligadas a satisfacer las necesidades sexuales de rasos y oficiales…. niños fusilados. Los historiadores y periodistas que entonces mantenían en Naikín su corresponsalía han señalado que, aunque parezca increíble, las hordas del Tercer Reich eran hermanitas de la caridad al lado de los japoneses. Hoy en 2009 es una herida que sigue abierta. No ha habido un perdón oficial. Pero sí una denuncia. la película se llama Ciudad de Vida y Muerte, rodada en blanco y negro y tremendamente dura. La más dura que un servidor haya visto jamás… Ha sido la ganadora este año de la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián.

 Si preguntan les diría que no es recomendable, si me vuelven a preguntar les matizaría que, sin embargo, es necesaria verla y tragar saliva. Al menos como modesto homenaje a las víctimas.

Ismael T. Reguillos

Puedes escuchar esta sección todos los jueves en el programa ABRIMOS LOS JUEVES de Radio Daimiel.

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