LCR CINE – EL NAZISMO EN EL CINE


Es uno de los argumentos más recurrentes. Podríamos ubicarlo como un subgénero del cine bélico pero, en realidad, va más allá. Porque no sólo se ha utilizado para mostrar trincheras, tanques o bombarderos, sino todo topo de veleidades, traiciones y, por supuesto retrato de sociedades. El nazismo como fin en sí mismo o percha para dar contexto a una historia ha originado una prolífica relación de películas, muchas de ellas merecedoras de ser incluidas entre las mejores de siempre.

 Lo que de entrada podría parecer un tema susceptible de herir muchas sensibilidades se ha abordado sin embargo desde múltiples puntos de vista. Desde la estremecedora  “La Lista de  Schindler” o “El pianista” hasta el cuentecilllo dramático-romántico-cómico de “La vida es bella” pasando por la descriptiva y cruda “Salvar al Soldado Ryan”. Sin olvidar las ajusticiadoras y moralistas de “Vencedores y vencidos” o “Los Juicios de Nuremburg”. Hasta Indiana Jones en la última cruzada tiene que combatir a los nazis en busca del Santo Grial.

 Del nazismo han hecho mucha caja los productores y los directores se han visto abocados siempre a hilar fino para que las escenas fueran al tiempo respetuosas y fiscalizadoras, si es posible exhibiendo sin tapujos el genocida holocausto auspiciado por la deshumanizada clase dirigente del Tercer Reich y sus ideólogos. De ahí que pasados los años no ha importado aplicarle la mofa a las cabezas visibles de aquel régimen e incluso revestir con situaciones disparatadas tamaña tragedia.

Es cierto que “El Gran Dictador” de Charles Chaplin ya se atrevía a pintar a un Hitler ridículo. Un histrión descerebrado. Sin embargo, está rodada en 1940  un año después del comienzo de la guerra. Chaplin no habría osado filmar semejante  película cinco años después cuando el mundo ya conocía la dimensión del exterminio judío y otras atrocidades racistas y xenófobas.

Interpretar al Führer suponía un sobreesfuerzo dramático. Véase al admirado Bruno Ganz en ‘El Hundimiento’ un papel que causa pavor con sus ataques de ira. Hay otro Hitler, el que hoy nos ocupa no tan desatado pero igualmente creíble que  es el interpretado Daniel Bruhl en la última de Tarantino, “Malditos Bastardos”.

No entraré demasiado a analizar la película pero sí concluyo que Tarantino raya la perfección. Las dosis justas de violencia inherente a sus creaciones, el absurdo tan propio de él pero en este caso al servicio de la invención que nos quiere contar. Por supuesto, los nazis están locos y entregados a la causa. Especialmente el extraordinario Hans Lada personaje representado por Christopher Waltz. Un teniente coronel que acaba descendiendo hasta el más bajo y rastrero de los comportamientos. Pero cuidado, Tarantino es ecuánime al exponer que las vilezas en una guerra pueden cometerse igual cuando llevas un uniforme de las SS o eres un guerrillero luchando en la liberación de Francia. Para que me entiendan, no comete el error de pasear la bandera de las barras y estrellas como símbolo de paz y libertad. Malditos Bastardos es una historia visualmente impecable, brillante en la música e ingeniosa en el planteamiento de los diálogos, muchos cargadas de tensión, como ejemplo, la primera escena. Es de lo mejor e las últimas décadas.  

Ismael T. Reguillos

Puedes escuchar esta sección todos los jueves en el programa ABRIMOS LOS JUEVES de Radio Daimiel.

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