LCR CINE – LA CINTA BLANCA


El cineasta austriaco Michael Haneke debutaba en la gran pantalla en 1989 con El Séptimo Continente, la descomposición de una familia acomodada alemana que sin más explicaciones sobre el origen de sus problemas decide desprenderse de su anodina forma de vida llegando hasta las últimas consecuencias. Es su primera gran crítica sobre la descomposición social, las contrariedades de la mente humana. El Mal que reside en nuestras cabezas que nos empuja a vivir en un mundo construido de manera desigual. Desde entonces y hasta la fecha no se ha apreciado en este director (y guionista de todas sus cintas) un atisbo de cambio en su perspectiva sobre el mundo. Muchos críticos advierten en él pedantería y prepotencia a la hora de sojuzgar las miserias de nuestra raza. Tras haber visto buena parte de su filmografía con títulos como La pianista, Funny Games o El Tiempo del Lobo, me atrevo a intuir que su propósito no es en absoluto tendencioso y sí fruto de algunas certezas que anidan en su mente concluidas muchas a través de sus sesudos análisis sobre el hombre contemporáneo. No se anda con subterfugios. Filósofo y psicólogo además de formado en la dramaturgia, Michael Haneke tiene claro que estamos rodeados de perversidad y que, aún habiendo gente buena, la malicia, el egoísmo y el castigo crecen con tales raíces que desencadenan inexorablemente desgracias. Y Haneke decidió hace tiempo no mantenerse al margen. Esto es lo que hay –pensará- y así lo denuncio.

A tal efecto se sirve de metáforas con efectos inquietantes o de argumentos más explícitos que aportan dosis de terror. Unos y otros instrumentos desencadenan el que, a mi entender, es el calificativo que más acertadamente definiría a su cine: PERTURBADOR.

Este viernes 15 de enero llega a las salas españolas la última de sus creaciones, La Cinta Blanca. Ganadora de la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes y mejor película europea de 2009. Con permiso de Los Abrazos Rotos de Almodóvar, más del gusto de Hollywood, sería de justicia que la academia norteamericana premia a La Cinta Blanca con el oscar a la mejor película extranjera.

Galardones aparte, estamos ante el compendio de todas sus propuestas temáticas, reflexiones, críticas, premoniciones y alertas. La historia la vertebra la voz en off de uno de los protagonistas que ya anciano cuenta lo ocurrido en una aldea alemana los días previos a la Primera Guerra Mundial. El Mal está presente desde el principio del relato. Personajes que esconden secretos inconfesables, vejaciones irresueltas, algunas revestidas de travesuras. Despotismo, diferencia de clases, mal rollo. El germen de un siglo que habría de ver aún la degeneración y envilecimiento nazi. No en vano, la cinta blanca se la atan los tutores al brazo de sus hijos para señalarles por algún pecado cometido. Esos niños tan rubios y aseados, terriblemente inocentes, serán quienes veinte años después tal vez cosan una estrella en el pecho de los chaquetones judíos. Es la gran metáfora de Haneke que, por cierto, rueda en blanco y negro. Blanco y negro de verdad, ni sepia, ni decolorado. Técnica visual acompasada al guión. Claustrofobia. Les recomiendo que la vean y compartan su mensaje en la justa medida. Este mundo también es luz, color y optimismo. Me compadezco de Haneke.

Ismael T. Reguillos

Puedes escuchar esta sección todos los jueves en el programa ABRIMOS LOS JUEVES de Radio Daimiel.

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